HUMANIDAD.O por Rodac Ziluben Tucmanaho

 

 

HUMANIDAD. O

(Léase: humanidad punto cero)

 

Por Rodac Ziluben

 

 

                  

CAPÍTULO I

 

Introducción

 

 

Vivimos una época confusa y delicada, insegura y peligrosa, aún así, no es la más, confusa, delicada, insegura y peligrosa, porque las hubo peores, y es de esperarse que las habrá también en el futuro, con seguridad, a menos que…

 

Por lo pronto, diremos que también es cierto que vivimos una época de cambios vertiginosos, de avances científicos y tecnológicos espectaculares, y, como esa humanidad adolescente que somos, nos asombramos de nuestros propios logros, pero, también podemos predecir que no se comparan a lo que vendrá en el futuro, en esos mismos aspectos, porque ya se avizoran revolucionarios progresos y cambios.

 

También hemos evolucionado, desde las pequeñas comunidades humanas primitivas, más parecidas a salvajes pandillas merodeadoras, pasando a la complejidad de las naciones, pueblos y estados actuales, como ciudadanos de notables ciudades, desde el principio de la historia, hasta ahora, en que me atrevería a decir, que somos parte de una humanidad globalizada y cosmopolita.

 

Ésta progresión, cargada de implicancias sociales, con la intensa movilidad que ha producido a lo largo de cuarenta siglos o más, tanto en la relación vertical como horizontal, entre los hombres, que hasta cierto punto se ha complejizado bastante, debido a las intensas apetencias y ambiciones humanas, hasta el punto que han terminado por poner este mundo poco menos que a la deriva.

 

El hombre de ayer, como el de ahora, ha evolucionado, al principio intuitivamente, y a traves del tiempo prehistórico e histórico, con una conciencia creciente de su estancia en este mundo, podríamos decir que infantilmente al principio y a partir de allí, a través de sus exploraciones y explotaciones, siente que domina y se apodera de este planeta en que vive y descubre, desplegando las cualidades de su especie.

 

Con seguridad que ese hombre seguirá explorando todo el mundo y el universo, llevando al extremo sus curiosidades y sus indagaciones, las cuales, como es de esperarse, no volverán vacías, y seguramente, como ha pasado, en los últimos cuatro sustanciosos milenios, cosechará algunos éxitos a pesar de todo.

 

Tal vez la necesidad de espacio lo lleve a colonizar el mar con ciudades submarinas, o a llenar el océano con plataformas habitables flotantes, o a construir ciudades en órbita, o en la misma luna.

 

Tal vez el hombre, de cuando en cuando, se pregunte, qué, como y cuando ha llegado a este planeta, según el nivel de evolución de su cultura, y según el nivel de su cultura se conformará con una u otra respuesta. Con un infantilismo notable, tal vez, con una incipiente adolescencia, pondrá más atención en lo que no tiene más que en lo que tiene, y se concentrará en lo que le falta conocer  y hacer, más que en lo mucho que conoce y ha hecho.

 

El hombre ayer, el hombre hoy, siempre hay algo en él que permanece igual, en medio de todo lo que logra, la curiosidad, la inventiva, la creatividad superadora de las cosas anteriores, el deseo y el hambre de renovación constante, pero ese hombre en algo sigue igual que el hombre antiguo, frágil, hambriento, temeroso, ansioso, cosas que lo hacen para sí mismo, a veces peligroso, el hombre pelea y guerrea contra si mismo, y en esto se perjudica solo.

 

Mental y corporalmente el conflicto injusto mutila e incapacita al hombre, el hombre actual carga sobre sí mismo, el efecto de una destrucción nuclear que nunca ha ocurrido, psicológicamente, el efecto de muchas incapacitaciones que no le han pasado. Enfermo por una autodestrucción latente, pero que no ha acontecido.

 

Ahora bien, a causa de la velocidad y la complejidad de los cambios que vinieron, vienen y vendrán, tenemos la impresión de pensar y la tendencia a mirar al hombre actual como si fuera distinto esencialmente al de ayer, y un poco tenemos la tentación de considerarnos “evolucionados” con referencia al hombre del pasado.

 

Pero esto no es así, el hombre sigue siendo la especie temerosa de siempre, la que nace, desarrolla, crece, se reproduce y muere del mismo modo, sufre o ríe, goza o llora, y a pesar de todo, es el núcleo alrededor del cual se producen la evolución de todo su entorno, cambian los vehículos, los caminos, las ciudades, y las situaciones pero él en sí mismo, no ha cambiado.

 

El hombre es el núcleo del cambio, a pesar de Waterloo, a pesar de Hiroshima, a pesar de haber pisado la luna y de haber posado una máquina robótica en Marte, y a pesar de la amarga pandemia y de las guerras estaduales internas o externas actualmente paliadas en dosis y en microdosis de violencia, destrucciones y muertes.

 

Aunque esté a merced de terremotos y huracanes, aunque sea vulnerable a epidemias e incurables enfermedades, aunque sufra para cancelar una hipoteca, o mantener domada una tarjeta de crédito, o tenga necesidad de lustrar zapatos en el centro, a pesar de la lluvia de sucesos humanos y naturales que le acontecen.

 

Siendo en el centro de los cambios, eso que no cambia, el hombre, sus comunidades, sus pueblos y naciones producen esos cambios sin terminar de entenderlos ellos mismos, como los adolescentes, carece, al parecer del método y la objetividad para mirarse a sí mismo.

 

Procuremos ver entonces que intereses de la humanidad y de los hombres se ponen de manifiesto, actuando como potencias dentro de él.

 

Miremos un poco esa humanidad adolescente desorientada, materialmente obsesionada con el cuerpo y con las cosas materiales de este mundo, cargada de oropel y ornato informático y tecnológico. Ciego a sus grandes potencias espirituales basadas siempre en valores y principios internos, no expresables codificadamente, pero altamente visibles en cada civilización y/o generación sobreviniente. Cuyo significado puede ser ambiguo, indescifrable, indemostrables, pero siempre están ahí sosteniendo la burbuja humana sustancialmente incierta hasta ahora. La pregunta es si se le puede encontrar sentido a lo incierto.




CAPITULO II

 

ENTENDER A LA HUMANIDAD: 1er NIVEL


 

 

La humanidad es el ser social del cual formamos parte, el que no tiene más ser y ente que aquel que le da cada uno de los seres humanos que lo constituyen. También podemos decir que es el ambiente humanizado donde cada uno de nosotros nace, crece, se reproduce y muere, la humanidad es el mundo humanizado, maltrecho o ruinoso, como quiera que sea es resultado de la actuación humana.

 

Sugiero que no pensemos en la humanidad que formamos, como una agrupación numérica, sino como el conjunto estructurado de todos los seres humanos que vivimos y hemos vivido sobre la tierra, por ejemplo, en una situación de enfrentamiento o conflicto, ambos contendientes forman parte de la humanidad, en una situación de delito tanto el delincuente como la víctima forman parte de la humanidad. Buenos y malos todos somos humanidad.

 

Examinando nuestra humanidad, de la cual formamos parte, lo que legitima esta ocupación, esta libertad que nos tomamos para producir todas estas manifestaciones, es el hecho de ser miembros de ella. A veces vamos a tropezar con algunas personas inmaduras e inmaturas que nos miran como si no tuviéramos este derecho de pensar en todos nosotros mismos y opinar sobre ello. Social, económico, político, físico, biológico, emocional o sicológico, es nuestro derecho de todos pensar, opinar y proveer decisiones a la humanidad que formamos.

 

No necesitamos ningún permiso especial para hacer nuestro aporte al pensamiento humano, no necesitamos pertenecer a ningún grupo científico, político o social en particular, ojala pudiéramos todos tener el tiempo y la oportunidad de hacerlo, porque nada, en realidad, es tan importante como lo que hacemos todos nosotros juntos o mayoritariamente. La humanidad atropella las encrucijadas, se da de bruces contra las pandemias y los desastres naturales, y mira absorto el espacio y el universo externo, a veces casi al alcance de la mano, y cada hombre decide, colgado de una delgada cuerda existencial, seguir intentando escalar hacia arriba, se corte esa pequeña cuerda…o no.

 

Examinando nuestra humanidad, puesto que podemos hacerlo, porque formamos parte de ella, descubrimos en los hombres ciertos grados de concentración de intereses que van a causar, que el hombre dirija hacia ellos un determinado caudal de tiempo, esfuerzo y recursos, intereses que pueden ser estratificados bajo la idea de que a los más importantes el hombre y la humanidad dirigirá más recursos, esfuerzo y tiempo. Es hora de hacer saltar las anteojeras que como a los caballos, nos impide y limita mirar, saber y decidir más allá, y saber cómo se transita una ruta que nos ha traído hasta este entorno actual, que vamos a vivir modificando y lo vamos a dejar para los que seguirán luego de que nosotros sigamos el camino de todos y ya no estemos más.

 

En el nivel más alto del interés del hombre, responde a la apetencia más antigua del ser humano, que se corresponde con su instinto de supervivencia o sea su deseo de inmortalidad, su ansia de trascendencia, los poderes que tienen que ver con la eternidad de nuestra presencia en el universo terrenal y celestial, o sea, la religión y la fe. Su deseo de asegurar su paso a la inmortalidad genera mucho interés, sacrificio de recursos, tiempo y esfuerzo. Conocer y disfrutar la verdadera naturaleza de su existencia es su más fuerte deseo.

 

Algunas personas se avergüenzan de aparecer como religiosos, como si fuera malo tener del deseo de vivir eternamente, o tener fe,  cuando vivimos por fe todos los días y lo hacemos naturalmente, y acuden a términos distintos, hablando de filosofías, ideologías, etc., otros se vuelcan a rituales esotéricos o mágicos o astrológicos, etc., en fin, con otras actividades cuyo fin es el de la trascendencia. Todos respondemos de una manera u otra a esa pregunta y consumimos mucho esfuerzo material, espiritual, emocional y sicológico en dar o parecer o ser, a veces sin quererlo, en vivir y propagar esa idea que tenemos de la trascendencia.

 

Para mi es la consecuencia de tomar conciencia de que al morir, algo pasa y no sabemos qué. Aquí, cada ser humano debe tomar la decisión de creer en algo o no. Mi opinión es de que la mayoría elige creer. Con el respeto que se merecen las ideas de todos por supuesto y con la salvedad, con que nos muestra el sentido común, de que no es el número de los que crean una cosa lo que hace que  ésta sea verdadera.

 

Yo creo que es en este asunto donde los hombres invertimos lo más, y voy a dar ejemplos específicos.

 

Vivo en una ciudad grande, de más de 500 mil habitantes, hace poco me puse a indagar por el número de unidades locales de los distintos cultos y religiones, algunos se llaman salones, otros, capillas, otros, parroquias, etc.

 

Lo cierto es que el número de estos locales, es impresionante, calculamos con un amigo, no menos de mil quinientos fidedignamente, es decir, que estamos seguros, que el día que salgamos a contarlos encontraremos más.

 

El objeto de estos lugares de culto es el de reunir a los feligreses, como mínimo una vez por semana, y el promedio de asistencia está entre los cuarenta y cincuenta por sala, o sea, que, son muchas miles las personas que sábados o domingos, o jueves u otros días semanalmente caminan fielmente a las iglesias, a demostrar una fe a prueba de todo en sus servicios eclesiásticos.

 

Si nos ponemos a calcular el costo de cada salón o capilla, su mobiliario y el costo de su mantenimiento, nos daremos cuenta de que el movimiento religioso de la gente es una especie de revolución silenciosa. Mueven un inmenso capital normalmente provisto por los miembros de las distintas iglesias, gente que invierte en todo ello mucho de su tiempo, y en muchos casos, no escatima esfuerzos. Es esta una silenciosa revolución que cubre la Tierra.

 

Estuve viendo los resultados de una encuesta que el diario local de mi ciudad hizo hace poco con respecto al tema de la fe.

 

Se preguntó a la gente si creía en Dios, específicamente, además, si se creía en los milagros y si se había participado, a conciencia de cada uno en alguno, el resultado fue que el noventa y cuatro por ciento de la gente es creyente, todavía más, preguntados si creían en los milagros de Dios, más del ochenta por ciento aceptó que cree en ellos, y un cincuenta y dos por ciento creen haber vivido, presenciado o haber sido bendecidos por medio de un milagro alguna vez.

 

Así, a pesar del sistemático bombardeo de publicaciones incrédulas y ateas, de la televisión, el cine, llenas de mensajes explícitos y no explícitos que invitan a no creer, y del ornato, el oropel de la popularidad y la fama, a pesar de los crímenes y las maldades de los hombres en la tierra, me sorprendió, felizmente, constatar la presencia de la fe entre la gente de mi pueblo y mi ciudad.

 

No me cabe la menor duda, de que si hacemos este tipo de averiguaciones en el resto de los pueblos de mi país y lo extendemos a los del mundo entero hallaremos resultados parecidos, encontraremos que las religiones, silenciosamente, cubren la tierra, con características que no hallaremos en otra parte, por ejemplo, donde otros se rinden, ellos no lo hacen, donde nadie es capaz de brindar una esperanza, ellos la brindan, y esas esperanzas, funcionan, en fin, donde otros no se atreven ellos osan, nada los ha detenido en su histórico pasado, y al parecer, nada los detendrá.

Otras filosofías y ciencias han fracasado evidentemente en ofrecerle un sentido a la vida de la gente, pero ese es precisamente el éxito de toda religión, unas más que otras, pero en suma, estratégicamente, se preocupan por darle un sentido a la vida, y puestos de cara a la realidad de la existencia nada es más valioso e importante como eso.

Otra encuesta leída en estos días es la que constata que los creyentes viven más años, con menos stress, con más logros intelectuales, económicos y financieros que los que no creen en nada.

Este nivel de interés es para mí el más grande de la humanidad, es donde el hombre concentra la mayor cantidad de interés, esfuerzo y tiempo, silenciosamente, sin que nadie se dé cuenta.

 

Hay cuatro cosas que se llevan el interés de la humanidad mayoritariamente, en cuanto al nivel de esfuerzo, tiempo y recursos que ellos le dedican, y por detrás siguen las otras cosas, y si sumamos lo que el hombre mueve por causas religiosas, la idea mía es que es la que más recursos se lleva. Sin duda, hay intereses que pretenden que se crea otra cosa.

 

Estamos en una humanidad que todavía cree, y mucho, ¿A quién le beneficia que parezca otra cosa?

 


 

 CAPÍTULO III

 

ENTENDER LA HUMANIDAD: 2do NIVEL

 

 

En un segundo nivel respecto del mencionado en el capítulo anterior, casi inmediatamente por debajo, está otro interés humano insoslayable y necesario, hacia el cual el hombre va a orientar sus esfuerzos, recursos, y tiempo, éste es el tema de la autoridad y el poder, la busca de una hegemonía, a veces legítima, a veces no, pero que en suma, sirve para ampararse en una legalidad, a veces imperfecta, pero legalidad al fin.

 

En este nivel están las armas, el arte de la guerra, la política y el derecho, cuya formación, modificación, mantenimiento y aseguramiento va a insumir una gran cantidad del esfuerzo, recursos y tiempo de la gente, con la diferencia de que, esta vez no va a ser siempre voluntariamente, por eso hablamos del poder y de la fuerza, porque es precisamente lo que se usa para compeler a la participación.

 

Hablamos de la hegemonía y de la fuerza aplicada por el hombre sobre el hombre, en una histórica lucha de poder, por una hegemonía que busca primero la legitimidad que luego enclavará sus acciones en la legalidad, toda ella perfeccionada y basada en, supuestamente, el apoyo colectivo de los demás.

 

Aquí, eventualmente se despliega el poder de las armas y el arte de la guerra, con esa propensión antigua a considerar la fuerza física una virtud, más que una cualidad. Aquí nace el derecho, primero, como un legado de nuestros mayores y luego sostenidos, creado y sustentado en base a la acción e interacción de grupos y agrupamientos sociales de distinta hechura y calidad.

 

Nacen aquí las instituciones cada vez más complejas a medida que aumenta la capacidad cultural, más que nada, de cada pueblo y de cada comunidad. Desde las primitivas agrupaciones, que eran más bien, especies de pandillas merodeadoras, que normalmente los historiadores llaman clanes, la formación posterior de tribus, cuya primera y básica necesidad fue la autoridad, la dirección, el mando, es decir la selección o imposición de quien va a dar unidad y cohesión al grupo social haciéndose cargo del mando.

 

Quien va a dirimir, más o menos democráticamente, considerando tal vez, la experiencia de los más viejos, o el consejo de los más hábiles, eventualmente, donde, como, cuando se hará cada cosa según la necesidad de cada grupo o pueblo. Puesto que allí donde se juntaron a convivir más de un ser humano, comenzó la política y el ejercicio del poder, es decir en los primeros grupos y familias humanas.

 

Esto, que tal vez parece poca cosa, es el principio de las sociedades humanas, y es como ha llegado a existir, no solo cada pueblo, estado o nación, sino también cada civilización. Todo empezó con la elección de un mando común, un jefe, un rey, un soberano.

 

Ésta es la actividad a la que dio el historiador prioridad con respecto a otras, lo que derivó que hoy, le demos más importancia a las sucesiones de guerras, gobiernos  y a las revoluciones, y sea eso a lo que llamamos: la historia, cuando es muy probable, que otras cosas, como las razas, las religiones, la producción con sus avatares, o sea, sequías, desastres naturales, etc., hayan tenido más incidencia en ella que las armas y vengan a ser propiamente la historia que habría o  debería estudiar.

 

El derecho y el estado son creaciones colectivas del hombre, cada vez más complejas a medida que aumenta la capacidad humana para organizarse. Desde las primitivas comunidades humanas en que aparece la necesidad de organización, dirección y rapidez en las tomas de decisiones comunes, podemos decir, sin temor a equivocarnos que, no han sobrevivido los pueblos más poderosos o numerosos, sino que han sobrevivido los grupos, comunidades y pueblos que mejor se organizaron.

 

Todos pertenecemos hoy a alguna organización política, es decir a algún estado, todos los hombres pertenecemos a algún grupo humano organizado políticamente, y de ese grupo somos ciudadanos, ejercemos derechos y asumimos a su respecto, responsabilidades.

 

Después de la Religión, es a ésta organización, el Estado, la que se lleva el siguiente nivel de interés humano, en el cual se insume el mayor nivel de esfuerzo, recursos y tiempo de la gente. Los gastos de la política, la seguridad, la guerra, la prevención de conflictos, las políticas sociales, sanitarias, educacionales, la construcción de puentes, caminos, vías, diques, producción energética, de agua, de gas, que realizan los estados son las mayores luego del nivel de interés religioso. Si las sumamos todas alrededor del mundo, veremos que constituyen el segundo nivel de ocupación y gastos de la humanidad.

 

Cabe aquí, como una acotación, aclarar que no estamos diciendo que todos los gobiernos de los estados del mundo son nobles receptores de los esfuerzos de la gente, muchos tal vez no merecen ese epíteto, pero si debemos aceptar que son un mal necesario, si se quiere decirlo de alguna manera, no se puede vivir sin gobierno, sería como vivir en una casa donde nadie mandara, en la cual nunca se haría ninguna cosa por tal motivo. El mundo sería un caos si no hubiera alguien que tuviera el trabajo de decir lo que hay que hacer.

 

De todas maneras nos queda el consuelo de que, mirando el mundo actual, después de tantas experiencias con gobiernos de toda clase, vemos que al fin, con sus altibajos, los pueblos les debemos mucho, a la vez que los admiramos, a nuestros próceres, que en definitiva, en muchos casos sacrificaron mucho más que otros por nuestras patrias y países, para dejarlos mejor de cómo los recibieron.

 

Este nivel de interés es el que se ha llevado el protagonismo de los estudios históricos que en un principio tratan el tema de las historias políticas y bélicas, por lo cual en la mente de algunas personas, en especial las que ven muchas películas, es la más importante, pero no siendo enteramente así, deben oblicuar un poco la perspectiva y van a descubrir, que la realidad histórica  pasa muchas veces por otro lado, por ejemplo muchos pueblos no tendrían historia si no fuera por el arte de la pesca, o de la navegación, o de la agricultura.

 

De ésta manera, por necesidad, para consolidar el grupo, la banda, la pandilla, el pueblo, o sea la comunidad, con conflictos o no, con luchas o sin ellas, revolucionaria o pacíficamente, legitimados moral o militarmente, o ambas, el hombre ha avanzado en la complejización de sus organizaciones políticas, hasta el punto de que hoy todos pertenecemos a alguna agrupación social políticamente organizada, o sea, un Estado, en  verdad, podemos reiterar que han sobrevivido los pueblos y naciones que mejor se han organizado.

 

Después del interés religioso, es a éste aspecto de la organización estatal, aquél a cual la humanidad le prodiga la mayor suma de su esfuerzo, recursos y tiempos, participando en el a través de responsabilidades y derechos como ciudadano. En ésta organización encontrará un marco, supuestamente, el estado de derecho, para desplegar sus capacidades, contando con la seguridad, la libertad, sociabilidad, civilización y marco cultural típico. Todo lo cual no deja de ser considerablemente valioso, tanto para cada hombre, como para cada grupo social.

 

Éste es el segundo nivel que el hombre elige hacer prevalecer en el mundo y se lleva en armas, impuestos y otras actividades un inmenso peso económico, la autoridad elegida cumple actualmente tareas muy complejas, que abarcan el legislar, juzgar, administrar, ejecutar y mantener el estado de derecho en tres aspectos al menos, o sea lo municipal, lo estatal, lo nacional, para decirlo de un modo que se entienda en todo el mundo.

 

Todo esto tiene un costo global tan grande que nos asombraría, y a pesar de sus beneficios, no estoy diciendo, bajo ningún punto de vista, que todos los gobiernos sean buenos o malos, simplemente digo que son inevitablemente necesarios.

 


 

CAPITULO IV

 

ENTENDER A LA HUMANIDAD: 3er NIVEL

 

 

El tercer nivel de interés humano, que inducirá su siguiente remesa de esfuerzo recursos y tiempo es el mundo de la producción, el mundo de la economía, aquella que el hombre ha inventado para satisfacer todas sus necesidades, la cual mueve un inmenso material económico, pero  ya veremos que no todo se redestina a lo mismo, por lo que digo, sin temor a equivocarme, que insume el tercer nivel de interés humano y no el primero, como podrían pensar muchos.

 

Hay un mundo grande de la economía con una gran cantidad de gente abocada a la producción en un ciento por ciento, dirigiendo empresas u organizaciones económicas y trabajando en ellas, cosa que por otra parte pasa en todos los niveles, vale decir, siempre hay personas que por ser dirigenciales, jefes  o gerenciales de las distintas organizaciones de cada nivel van a estar ocupándole cien por ciento de su tiempo, mientras que otros solo lo harán parcialmente.

 

En el mundo económico se produce mucho, todo lo que después se gasta en los otros niveles y en volver a producir y en producir más. Aquí se invierte en forma muy específica y administrada, dicho en otras palabras, se busca la efectividad y la eficacia, al mundo de la economía y la producción se le aplica el esfuerzo conjunto de la ciencia y la técnica en su máxima expresión.

 

En los otros niveles, tal vez el derroche de tiempo, recursos y esfuerzo, no sea percibido o tenido en cuenta, pero en el mundo de la producción y la economía pasa otra cosa. El  enfoque es precisamente todo lo contrario, es la ciencia de vigilar donde va cada cosa y velar que cada cosa vaya al punto necesario y a ninguna otra parte.

 

Este es el mundo del trabajo al cual nos incorporamos para obtener los recursos que aplicaremos para los gastos de la vida y el consumo diario. Es el nivel que incorpora todo lo productivo, donde prima un invento notable del ingenio humano, un recurso técnico para representar el trabajo, como es el dinero. No es un invento perfecto, su valor resulta bastante relativo y volátil, mientras que el trabajo es real y productivo, el dinero no lo es tanto, pero cumple una función representativa insustituible.

 

Es muy interesante la historia del dinero, de cómo de representar la riqueza, en un primer momento, pasó en un segundo momento a representar  el trabajo. El valor actual del dinero de cada estado se basa en que es papel autorizado a circular como moneda de curso legal, y se basa también en que nosotros lo aceptamos como tal, le damos el valor que tiene, porque así lo decidimos entre todos.

 

Por eso se dice que el valor del dinero actualmente es fiduciario, palabra que viene del latín, fidus, que quiere decir: fe, confianza. Si bien a ciertos estamentos les conviene que creamos que el dinero vale por sí mismo, conviene que mantengamos la perspectiva de que el dinero vale sólo porque todos creemos en él. Incluso para simplemente especular osadamente con él, como están haciendo todo el stablishment financiero actual que han hecho de la especulación su live motiv

 

Volviendo a este tercer nivel de interés donde brilla, para nosotros la producción y el trabajo del hombre, en parte muy interesante para cada uno de nosotros, puesto que si funciona convenientemente nos proporciona un lugar de trabajo, con el cual nos aseguramos una existencia feliz. Pero cuando funciona mal, nos lanza a un espectáculo horrendo de desempleo, carestía, pobreza y precariedad. Situación que duele, porque se debe en muchos casos a fallas humanas, falta de previsión, fallas educativas. Con sólo observar la basura que producimos nos damos cuenta que es más lo que derrochamos que lo que usamos.

 

Las clases directivas, en muchas ocasiones, deslucen su ignorancia, al derrochar el recurso más valioso de este mundo que es la gente, y se concentran en los productos y en el dinero, que sin el concurso de esa gente, no vale nada.

 

Siempre me ha maravillado el hecho de pensar que si desapareciera en un instante toda la gente mayor, y quedaran tan solamente los niños, toda la nueva generación tendría que empezar de cero, y generar otra vez toda la cultura, la cual la gente lleva sobre sus espaldas históricamente, gratuitamente, solidariamente, una civilización de la cual muchos toman arbitrariamente una parte, económica o monetaria, alejándola de la posibilidad de que la gente se beneficie con ello, cuando estas gentes  a la que ellos niegan esos beneficios, son la causa, el origen donde esa riqueza se ha producido.

 

Me da pena que esta gente, sobre todo, la gente que no digo que es pobre, sino que solo tiene para pasar el día, debe pagar el peso de la inflación, por ejemplo. ¿Qué pasaría si un día, toda esa gente decidiera renegar del dinero y hacer como hacían nuestros abuelos que hasta el pan lo producían en sus casas, sus verduras, sus huevos, sus animales domésticos faenables? Me gustaría saber que van a hacer con su pan ese día los panaderos, con sus verduras, los verduleros, con su carne, los carniceros, y en fin, toda esa cadena comercial que hace crecer inopinada y arbitrariamente los precios.

 

Siempre recuerdo, y viene al caso ahora, en tiempos de mi niñez, todavía la gente de los barrios rurales, era esforzada y sencilla. Un día, mucho tiempo ha, mi padre me llevó a una de estas casas pobres del campo, y recuerdo que también me insistió y me lo dijo varias veces, que tuviera el cuidado de no pedir cosas, porque esa gente, era pobre.

 

Esa gente pobre me sirvió primero un plato de rica sopa de gallina, con toda clase de verduras de su propia huerta, luego me sirvieron un puchero de pollo, con toda clase de verduras y huevos duros, de postre me dieron una crema de leche, harina y caramelo, todo ello matizado con limonada y pan casero, todavía, como final, pusieron en la mesa una fuente con uvas, duraznos, ciruelas y naranjas de sus propios frutales.

 

Lo único que compraban del almacén, era yerba, azúcar y harina.

 

Esa era la gente pobre de aquellos tiempos. Mucho tiempo después me tocó volver a esos lugares como maestro rural y me tocó a mí ver, tal vez el principio del deterioro de aquella culta gente “pobre”, tan hacendosa en otros tiempos, y ver la forma en que la “civilización” de los medios la habían cambiado: en primer lugar, si no llegaba el panadero por la zona, no comían pan, y si no pasaba el verdulero dos o tres veces a la semana, no comían verduras,  en el espacio de una generación olvidaron amasar pan, sembrar sus verduras y cambiaron sus laboriosidad tradicional por cosas modernas, y ya su preocupación habitual era encargar pilas para la radio y cigarrillos, en vez de harina, yerba y azúcar, no cuadernos ni libros para sus niños, porque lo recibían de la escuela, donde los hijos comían en el comedor de la escuela, sin costo directo para ellos, ni para sus patrones que les pagaban, supuestamente, ayuda escolar.

 

Sin embargo, la riqueza estaba y sigue estando allí en los suelos donde en vez de sembrar, ahora se sentaban a tomar cerveza, porque tomar vino, se llegó a transformar en cosa de viejos. La habitual laboriosidad campesina ha sido reemplazada por la televisión. Yo quisiera una sola generación de esos antiguos pobres de mi tierra, que eran realmente autosuficientes, para ver adonde se va la famosa “economía de mercado”.

 

No digo más ni reniego con este asunto, porque es algo sobre lo cual me explayo directamente en otro lugar de este libro.

 


 

Capítulo V

 

Entender la humanidad: El 4º Nivel

 

 

Por último, existe un nivel en las actividades humanas, en las cuales volcará la siguiente remesa de esfuerzo, recursos y tiempo, pero ésta vez podemos decir que lo hará de una manera más natural y placentera.

 

En éste nivel el ser humano gozará de una posición que nadie podrá quitarle, que no podrá nadie obligarle ni disputarle a menos que de sí mismo reniegue de ello. En cualquier lugar del mundo y en todo tiempo a lo largo de su vida, el status que le da este nivel, le perseguirá.

 

Es algo así como un trono y un reino que en lugar de perseguirlo tú a él, él te persigue a ti, ¿quién ha oído hablar de un cetro o una corona que en lugar de perseguirlo tú a él sea al revés? Pues, esto es lo que ocurre en el nivel de las relaciones parentales, o sea en las familias, el cual es el cuarto nivel entre aquellos de los que estamos hablando.

 

En este nivel iremos llegando a posiciones parentales que darán y tendrán significación para nosotros, que nunca podremos dejar o evitar, seremos padres, madres, hijos, hijas, hermanos, tíos, sobrinos, hasta el fin de nuestros días, sin que alguien pueda evitarlo. Lamentablemente inconscientemente estamos haciendo desaparecer y debilitar los valores que sustentan este aspecto de la humanidad, como una humanidad adolescente que pretende probar todas las estupideces que se les ocurren, en su niñez se dedicó a pelear y guerrear, hoy en su adolescencia se dedica a la perenne masturbación de su inconsciencia sexual.

 

 A pesar de todo, sin importar el tiempo o la distancia y todavía. Somos padres, hermanos, tíos, abuelos, y lo somos aunque nos vayamos a distintos continentes y aunque muchas veces no nos comportemos como tales. Esto es bueno para los hijos, los sobrinos, los nietos, es la manera natural que tiene la especie humana de crear su instintiva y natural sociabilidad.

 

Esto, que a veces no lo tenemos en cuenta en realidad es maravilloso. Existe tan solo en la especie humana aquí sobre la tierra. Los lazos fraternales que surgen del nacimiento sustentan no solo a las familias, sino también a las naciones, y al modo de ser de las comunidades, familias, grupos y personas.

 

En este cuarto nivel se encuentra ubicado el interés humano en la familia, en la organización parental, la cual involucra la educación humana, la formación de las generaciones jóvenes, el trasvasamiento generacional de todas las tradiciones, conocimientos y enseñanzas  útiles que una generación desea legarle a la siguiente.

 

Si la generación adulta no les enseña a la generación joven los rudimentos de su civilización, idioma, religión, trabajo, técnica y sobre todos el valor que atribuye a cada una de éstas, la generación joven se ve en la necesidad de comenzar la civilización de nuevo, lo cual significaría volver siempre al principio.

 

La función educacional inserta primordialmente en este nivel resulta esencial.

 

Las generaciones adultas trasmiten de un modo natural principios de conducta, experiencia y vivencias que la generación nueva nunca podría adquirir por sí sola, por ejemplo, el idioma, la vestimenta, la forma de cocinar, higienizarse y comportarse, la forma de lavarse la cara, los dientes, hasta la técnica para peinarse, el horario para acostarse y levantarse, las normas del trato cotidiano, el manejo y los cuidados apropiados entre personas extrafamiliares, y los elementos sociales que le permitirán manejarse en la escuela, en la calle etc. etc. etc.

 

 Para destacar está, que es en este nivel donde el hombre llega a sentir el mayor grado de satisfacción y contentamiento, en vano se buscará un lugar y un momento en que el ser humano se encuentre mejor, que en el seno de la familia donde el hombre siente que construye su verdadera vida, su auténtico ser, a pesar de todas las cosas que le puedan ofrecer todos los otros niveles de interés, el hombre los interpreta siempre desde este nivel y rango, o sea, su situación familiar.

 

También es en el hogar junto a sus seres queridos donde mejor encuentra el consuelo y la esperanza con las cuales soportar el dolor, las enfermedades y todas las contingencias de la vida, al tiempo que también participa en el consuelo y el aliento a los otros miembros del hogar en situaciones semejantes.

 

Es aquí  donde se dan los mayores sacrificios y la mayor prodigalidad humana, todos estamos acostumbrados a que es en el hogar donde recibimos y damos los regalos más valiosos y significativos, como dijo alguien, alguna vez, es el hogar donde envejecemos en paz, sin que nadie se dé cuenta, donde nos hacen los mejores elogios, y se alegran de vernos volver todos los días.

 

 Todos  los otros niveles contribuirán y sirven para éste, por ejemplo, las religiones que sobreponen la organización parental a la individualidad se llevan no solo la mayor cantidad de fieles, sino la mayor cantidad de esfuerzo y riqueza y tiempo dedicados a ellos. Cuando la vida religiosa se centra en la familia, la doctrina se hace más deleitable y la vida familiar adquiere un aura, una atmósfera sagrada, como sucede en las familias cristianas.

 

Igualmente  los gobiernos de los distintos estados insumen en sus políticas en estas células sociales principalmente porque han entendido que son las familias los núcleos principales de la sociabilidad y de la socialización. La fortaleza de las grandes naciones, está en la madurez y en la educación de su gente, y esa buena gente se forma en las familias.

 

Para que vamos a hablar del mundo económico que hace mucho explota el interés familiar en el turismo, la diversión y el comercio. Los paquetes turísticos, los salones de divertimentos, los restaurantes y supermercados últimamente se esfuerzan en adaptarse a que los visiten familias enteras, más que en esperar tan solo a parejas o personas solas, en la mayor parte de sus salidas, las personas que más gastan son las que salen en familia, no es para menos, nada es mejor para el alma que ver a los hijos disfrutar contentos.

 

La familia es el centro indiscutido de la actividad humana, a   pesar del bombardeo hedonista e individualista de la cultura actual expresamente predicada y sugerida de y por muchos medios e intereses, cuyo origen prefiero no nombrar, aun así el  noventa y nueve por ciento de los seres humanos, para mi cristiana alegría prefiere casarse de manera normal (Hombre-mujer) y tener la familia cristiana natural, llena de hijos, la cual se propaga en una infinidad de relaciones parentales (tíos, abuelos, etc.) que marcan hitos emocionales y sentimientos donde se aferra  y afianza la personalidad humana.

 

No se ha encontrado una fuente de satisfacción mayor para la especie humana como no sea la vida familiar, parece eclipsar toda clase de otra satisfacción, no creo que una familia en una cena en un restaurante del pináculo de un Empire State tenga más satisfacción que el asado que come un albañil en el patio de su casa con sus hijos. Todas las familias gozan de esta facultad de ser felices, toda vez que, como lo explico en otro de mis libros, ser feliz tiene muy poco que ver con el dinero. (El libro en cuestión se llama: “Un Secreto Que Te Dejará Mudo”… ¡búscalo!)

 

La vida familiar compensa sacrificios, dolores y penas y también trae consigo el sosiego de, si se lo permite, del stress y del aura mágica, pero falsa, de los honores, la popularidad y la fama toda la cual se esfuma, ante el abrazo y el beso de los que realmente te aman; sea lo que seas: tu familia .

 

La familia es el secreto y frugal refugio de la especie humana para la cual existen y se amoldan las demás; veremos aparecer y desaparecer sustitutos de ella, propiciados por egoístas y deshumanizante intereses, pero, si la mayoría de nosotros siempre elegimos bien, la familia hará perdurar a la especie humana, y sobrevivirá a las más apocalípticas especulaciones.

 

 


 

CAPÍTULO VI

 

IMPLICANCIAS DEL ANTERIOR

 

 

Estos cuatro niveles de intereses presentes en la humanidad, la comunidad, las familias y la gente, aunque se interrelacionan en la realidad de lo cotidiano, de las cosas de cada día, no pierden su carácter singular en el ámbito de una apreciación objetiva, cuando lo que queremos es comprendernos y entendernos a nosotros mismos.

 

Al menos desde la perspectiva en que yo lo veo su orden de mayor a menor en el interés del hombre por cada una de estas cosas, se da en la persona, en la familia, en las comunidades y grupos simples o complejos que nosotros conformamos.

 

Incluso diría yo, va más allá, trascendiendo lo histórico, porque estimo que aunque un amanecer o en una alborada de la especie humana hayan estado sin ramificarse, latentes en la vida de los comunizados, en cuanto comenzó, aun cuando sea una latente diversificación y a complejizarse la comunidad humana, estos factores empezaron a gravitar de la manera en que lo estamos explicitando, con más o menos matices, según se diera la evolución técnica y la ciencia, la filosofía y lo tecnológico en cada civilización.

 

Pero no hay civilización que no haya tenido o tenga religión, derecho, economía y familias, y estas cosas serán la base y el súmmum de sus actividades.

 

Según como evolucionaron los sentimientos religiosos y morales y también el ámbito de la economía, la ciencia, el conocimiento, universalizando todo hasta  el punto actual en que jamás antes el hombre, el homo sapiens lo habría imaginado, hablando de los avances tecnológicos y comunicacionales a los que ha llegado.

 

Hasta el punto en que se hace necesario hacer un alto para tomar conciencia cabal de la situación en que estamos y la posición en que la historia nos ha colocado. Sin importar si antes se ha hecho o no, en primer lugar, porque las situaciones son bastante distintas, en segundo lugar, porque somos parte de la humanidad y tenemos todo el derecho de pensar, y proponer todo lo que queramos y creamos útil para nuestra especie humana y para esta Tierra, la cual es nuestra casa.

 

Hasta donde se ha visto, y he escuchado muchas veces la idea de que estos son los últimos días y que el hombre marcha hacia el fin del mundo, mas yo creo que se ha tomado esto desde un punto de vista demasiado literal, dentro de una concepción fatalista del mundo muy propicia para cierto tipo de interés, diría, espurio, cuando no mal intencionado.

 

Por desgracia, existen religiones y filosofías apocalípticas que le hacen el juego, el negocio, a estos interesados intereses, a mi modo de ver no existe la evidencia concreta de que la humanidad marcha a un final fatal, no existen las condiciones mayores de que se hablan, no más, no menos que antes, no más o menos que siempre. 

 

Desde que tengo uso de razón he escuchado predecir el fin de todo, en la guerra fría, esperábamos el fin hasta mil novecientos setenta u ochenta, luego trasladaron la fecha del fin del mundo hasta el año dos mil, al que muchos pusieron como límite, luego las películas y documentales agoreros dijeron en el dos mil doce, y me imagino que luego será en el año dos mil veintinueve, por ser un lindo número, digo.

 

Personalmente siempre me he preguntado a quién beneficia tener a todos los hombres ocupados en esperar el fin del mundo, es como si existiera alguien interesado en que el hombre no se preocupe por lo que pasa, sino por lo que va a pasar, pero, esperarlo no va a evitar que muramos, que nos enamoremos y nos casemos, que luchemos por estar un poco mejor, pero si produce una angustia innecesaria, si se quiere, un clima desfavorable para el optimismo y las ganas de vivir que harían  bastante más placentero no solo los pocos días que tenemos que vivir en este hermoso y pequeño planeta, sino también el dejarlo mejor de cómo lo encontramos para los demás que después vendrán a vivir sobre él.

 

A mi modo de ver el hombre va de principio en principio, sin solución de continuidad, comenzando de nuevo varias veces a través de la historia tanto hablando individual como colectivamente, luego de las guerras, terremotos, inundaciones, el ser humano, sus comunidades siempre empiezan de nuevo y lo intentan otra vez, pasa esto con el hombre, con las familias, con los pueblos, con las naciones, nunca se dan por vencidas.

 

Miremos nada más a las antiguas etnias americanas precolombinas como están resurgiendo por toda América, luego de haber sido completamente anulados como pueblos geográficamente y físicamente durante la conquista, en los siglos pasados de una historia archiconocida. ¿Quién ha visto alguna vez a una nación darse por vencida? Un ejército puede ser, pero a una nación, jamás.

 

Algunos anales hablan de la civilización de Enoc, que en tiempos pretéritos habrían evolucionado tanto, tanto, como para dejar este mundo antes de que se produjera el suceso que en la historia de los pueblos se registra como el diluvio.

 

Si se fueron en naves espaciales de algún tipo, o por algún otro medio técnico inventado por ellos, una máquina del tiempo, un tele transportador de materia,  no lo sabemos, pero como siempre digo, recién arañamos la cáscara de la historia y las cosas nos dicen solo lo poco que sabemos leer.

 

Alguna vez conoceremos más. Vamos camino a saber mucho más y a dilucidar muchas cosas, con la condición de que a la gente y a la ciencia  no se le pongan mordazas, ni se la encadene a proyectos espurios.

 

Lo cierto es  que la humanidad, está en un punto que se embarca en un nuevo comienzo un poco por presión histórica, otro poco porque la naturaleza lo compelerá, en lo que yo llamo la situación de la “humanidad punto cero”, en la cual debemos despertar y asumir, en una especie de explosión cultural natural, una revolución de los pueblos contra un fin del mundo cantado por agoreros demasiado apresurados, demasiado antes de tiempo. 

 

Esto en un emerger hacia nuevos límites y un despertar con vista a nuevos horizontes, relanzándonos a un futuro prometido por y para nosotros mismos, camino que es nuestro derecho buscar legítimamente y nadie es dueño de impedir.

 

Nuevos destinos que dependen todos de nosotros, de nuestra racionalidad, de nuestras originalidades, de la voluntad de este gentío en expansión que somos, en un mundo, tal vez sobrepoblado, cosmopolita y diversificado, tal vez devastado, que si no despertamos, nos condenará.

 

Una humanidad llamada a dejar de ser enemiga de sí misma y dar un salto por encima de las diferencias y de los conflictos a una nueva etapa y una nueva era. Una humanidad menos parecida a un adolescente traumado, y más parecida a un graduado de muchas cosas y con título habilitante para proseguir un gran camino.

 

Me han dicho a veces, que éste es un libro parecido a otros que ya se han escrito, y que muchos han intentado un cambio específicamente parecido, les respondí que tengo todo el derecho del mundo, como parte que soy de la humanidad, de reflexionar sobre todo lo que pueda ser mejor para mí y mis hermanos, y escribir un libro sobre ello, les contesté que ojala ellos escribieran también el suyo, porque yo lo leería con gusto y evaluaría sus propuestas.

 

Les digo que estamos llamados a transformar el famoso fin del mundo en un principio, llamados a transformar el fin del hombre en la llegada de un hombre nuevo, a una tierra nueva, renovada por nuestra común decisión, hay opositores para todo esto, sin duda, los estoy viendo actuar, tratando de que dejemos de pensar, tratando de destruir el futuro, es decir, el de los demás, evitando el emerger de todos, privilegiando solo el porvenir de algunos. Por eso este libro. Y te aconsejo que leas en el mismo contexto un librito más que publico en breve: “Esperanzas de Barro”

 

La idea es saber si tenemos el poder y la capacidad de producir un cambio notable, necesario o tenemos que esperar que la naturaleza lo haga.  Si como humanidad nos toca sortear cataclismos y desastres decisivos, que no sea en medio de guerras y conflictos como hasta ahora, sino desde una asumida condición de humanidad.

 

Hasta qué punto lo que hemos avanzado hasta ahora nos da la posibilidad de reaccionar, de eso hablaremos en lo que sigue.

 

 


 

FIN DE CAPITULO VI

 

 

CAPITULO VII

 

UNA MIRADA PROSPECTIVA: HUMANIDAD.O

 

Debemos arribar a una idea de una vida que ya no sea solo una supervivencia, esta mirada hermanadora de todas las cosas humanas, en busca de superar el desencanto de miles de seres humanos en la actualidad, y la situación activa de miles que haríamos algo positivo, fuese la situación que fuese en la que nos tocase actuar.

 

Puede parecer ingenua a los ojos de tantas personas inteligentes y bien conceptuadas y posicionadas en la alberca actual de la humanidad, pero no del que al mirar a ambos lados de ciertos parámetros de bienestar ve que esto acaba contra la tapia de muchos que no lo pueden disfrutar, y parece que no solo no le importa lo que ve, sino que lo complace la triste situación de los demás.

 

Me atrevo a decir que podemos entrar a armar con la humanidad que tenemos esa etapa de la cual rezan algunos anales de las escrituras hebraicas, que no sé si se repetirán en otros anales, en cuyos textos  rezan algo así:

 

”Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará, el becerro y el leoncillo y la bestia doméstica andarán juntas y un niño los pastoreará, la vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas, y el león comerá paja como el buey.

 

No harán mal, ni destruirán en todo mi santo monte porque la tierra estará llena del conocimiento de Jehová como las aguas cubren el mar” (Isaías 11:6, 7, 9)

 

¿Ha llegado el día en que el león comerá paja como el buey? ¿Qué otra cosa es el llamado alimento balanceado, sino, entre otras cosas, paja? ¿No es la Internet un diluvio de información y de conocimiento que cubre toda la tierra como las aguas cubren el mar?

 

La pregunta es ¿tenemos el conocimiento para instaurar en nuestro planeta esa época de paz que predicen estas escrituras o tenemos que esperar un hecatombe, una tragedia mundial que la constituya?

 

Yo personalmente creo que la humanidad está para mucho más que para ponerse a esperar que llegue el fin. Creo que podemos recomenzar todas las veces que queramos o necesitemos, como lo hemos hecho tantas veces, individual y colectivamente, y sin tener que desechar las cosas buenas que tenemos.

 

Como humanidad, me parece que estamos parados un poco ante una expectativa negativa para poder hacer nuestro negocio, o dejar que otros lo hagan, estamos como el médico que se pregunta qué va a hacer el día que se acaben los enfermos, o el abogado que teme por el día que se acaben los pleitos.

 

Como hoy se sentirían los políticos si no tuvieran pobres para usar durante sus campañas políticas, o el temor latente de algunos sabios, que dudo que sean sabios que temen a la gente, y en especial a los jóvenes, cuando los ven que se ponen a pensar.

 

¿A alguien le conviene que no pensemos, que no pongamos esto por escrito  a la consideración de las personas?

 

Pero, si van a ser ellos el recipiente de una campaña despersonalizadora, para hundirse ante un tsunami de diversión y entretenimiento fatuo, mientras se cambian las reglas del juego donde luego vivirán nuestros hijos cuando y mientras miramos nuestro programa favorito, yo creo que es tiempo de apagar la televisión, dejar el vaso de cerveza y mirar alrededor un poquito.

 

La pregunta es si lograremos despertar, y si lograremos despertar a tiempo, si tenemos la capacidad para producir y exigir el modificar necesario.

 

Será una especie de revolución dado que nos han educado para creer que toda modificación novedosa viene por otro lado y que son otros los responsables de modificarla más que nosotros, y creemos que ellos lo harán responsablemente.

 

Pero, esto no es así, nunca lo han hecho bien, las pruebas son las dos guerras mundiales que hemos tenido, las guerras del sudeste asiático, las impresionantes  y tontas guerras actuales.

 

Nos engañamos pensando que las grandes naciones quieren la paz mundial, pero si en verdad desearan esto, no estaríamos en un mundo donde se gasta más en armas que en comida y medicamentos.

 

Nada se hará si no nos movemos, porque, como piezas de un negocio que somos, estamos donde quieren que estemos, usando la ropa que quieren que usemos, bebiendo y comiendo lo que quieren que comamos, bailando en una fiesta interminable por la televisión, la radio y la red de Internet, donde nos dicen todo lo que quieren que escuchemos.

 

Ellos se  han convertido en los dueños de nuestro placer y felicidad, nos suben al escenario y con un minuto de fama, nos declaramos felices, y solamente lo seremos si tenemos y poseemos aquello que solo ellos producen, mientras preparamos a nuestros hijos para ser nadies en la rueda económica del mundo.

 

Como será posible que despertemos, de este sueño en el que hemos caído. Este es el tema de lo que sigue, no te pierdas ni una palabra de esto.



 

FIN DEL CAPITULO VII

 

CAPITULO VIII

 

IMPLICANCIAS DE LO ANTERIOR

 

 

Si hablamos de la humanidad como hasta ahora la conocemos, tendríamos que enumerar las cosas que de ellas renegamos, que sabemos que no son, ni pueden ser positivas y que en verdad deseamos cambiar, pero esto no como un relleno o una parcial reparación

 

Vamos hacia un cambio total, como cuando decidimos reacomodar toda la casa.

 

Los rangos de las cosas que habría que cambiar, no solo se explicarían por su naturaleza, sino también por el alcance, estructura y configuración de cada uno de los ítems, algunos de los cuales, a título demostrativo, no exhaustivo, he enumerado acá:

 

a-. Tenemos una humanidad rodeada de conflictos, guerras, delincuencia, violencia, donde la gente común y pacífica vive escondida, angustiada, en casas enrejadas como una prisión y en cada país, en cada ciudad, grande o pequeña, los delincuentes son los dueños de las calles. Tenemos la impresión de que el día que ellos quisieran podrían tomar el control de toda la ciudad y las autoridades no podrían hacer nada.

 

b-. Tenemos una humanidad obsesionada por el materialismo, el dinero y la riqueza parecen ser sus dioses implacables, asistimos a una cosificación de la vida, donde la vida es una simple cosa, no se respeta ni siquiera lo que significa, ni su origen, ni su fuente, hemos llegado a un punto en que aún los factores de poder y quienes detentan  la autoridad dudan incluso de los valores y las  reglas justas aplicables  para conseguirlas.

 

c-. Tenemos una gran parte de la humanidad egoísta que persigue el placer hedonista y la felicidad superficial sin escrúpulos en sus lujuriosas ambiciones. Hay quienes predican el placer y la alegría como una finalidad de la existencia, no parecen percibir que son cosas superficiales y que la sustancialidad de estas actividades dependen de lo que hay en el interior de las personas y no en sus manos o en sus bolsillos.

 

d-. Tenemos una humanidad que en muchos casos hacen un culto de la violencia, del conflicto, del desorden total. La usan como método sistemático, para lograr fines que consideran justos, pero los medios que usan no lo son. Tenemos en este aspecto, el accionar del terrorismo, las mafias de todo tipo, que funcionan en lo interno de una sociedad como un parásito, son como un estado dentro del estado, con sus propias leyes, sus propios códigos internos, con los que juzgan sus desajustes internos, su finalidad es mantenerse ocultos para lograr dentro del estado parasitado todo lo que quieran.

 

e-. Tenemos una humanidad dispersa en su multitud de culturas, pueblos, naciones, religiones y filosofías. Todo lo cual en sí mismo representa una interesante y agradable policromía cultural mundial, que no imagina que existan formas sencillas de convivir e intercambiar logros. El intercambio, a través del turismo, el estudio, el conocimiento de los distintos credos y pensamientos es enriquecedor, aun cuando tengamos distintas concepciones religiosas, políticas e históricas.

 

 

f-. Tenemos una humanidad que basa su riqueza en un  recurso técnico imperfecto y primitivo como es el Dinero para sus intercambios, un material inseguro insostenible por sus características técnicas, el cual es fácil de robar, falsificar, perder y expone al poseedor al latrocinio y lo deja a merced de delincuentes y especuladores. Incluso el dinero electrónico puede perfeccionarse,  hasta el punto de hacer imposible el robo, la rapiña, y tal vez, la especulación.

  

g-. Una humanidad que no puede equilibrar sus sistemas económicos de modo que tiene grandes conflictos por paro de desempleos y desajustes productivos. No se logra una adecuación e integración adecuada entre los factores productivos que son el capital, el trabajo y los recursos materiales y tecnológicos, las ganancias industriales y comerciales se resisten a ser distribuidas con equidad, mucho menos con transparencia.

 

h-. Una humanidad irresponsable en el manejo de sus recursos naturales básicos, en especial el agua, el aire, el suelo, la energía, los recursos. Hemos arrasado bosques y selvas, hemos causado desequilibrios ecológicos cuyas consecuencias latentes se ciernen sobre las futuras generaciones. Estamos consumiendo recursos a un ritmo imposible de reponerlos. Es una hipoteca natural que estamos dejando para las generaciones del mañana. Y aunque no fuera así, ¿Por qué no utilizar responsablemente los recursos?

 

i-. Una Humanidad que tiene grandes problemas educativos y educacionales que son cosas distintas pues, una atañe al sistema educador y el otro al gobierno de ese sistema, un mundo que necesita aumentar las escuelas y las universidades, incrementar el potencial creativo de la juventud, como la única garantía posible de solucionar los problemas del mañana, un sistema que debe ser más generoso, más abarcativo, mirar hacia una formación en el área de lo ético, los valores y principios, básicos de cada pueblo, de cada cultura.

 

j-. Una Humanidad que ya casi se declara abarrotada e incapaz de albergar el aumento de la población en ciernes, donde ya muchos sobreviven, es decir, sobrevivimos, como si estuviéramos en un sálvese quien pueda, de un mundo súper-poblado, a pesar de que tenemos desiertos, mares y zonas congeladas que solo tenemos que aprender como habitar.

 

Examinados estos tópicos que tienen carácter mundial la pregunta es: ¿Ha llegado el tiempo en que la humanidad a nivel mundial puede y debe ser consultada  y concurrir para decidir y participar para cambiar la realidad sobre estos asuntos?

 

 Es Evidente que con mayor o menor alcance según los lugares, pero nunca hemos estado en mejor posición que ahora para articular juntos el destino de este mundo participar en que vivimos, y es cierto que si no lo hacemos, estamos poniéndolo en grave peligro y con él a todos nuestros pueblos y a nosotros mismos.

 

Tal vez peco de ingenuo pero en vista de que no es un pecado tan grande y los he visto mayores sigamos.

 

En las páginas que siguen tomaremos el toro por las astas respecto a cosas que pueden hacerse, son ideas a las que no se les debe temer, como hacen algunos, como siempre, yo no propugno soluciones esotéricas o mágicas, ni me voy en demasiadas charla, ir al grano es el mejor de los sistemas cuando de solucionar cosas se trata.



 

FIN DE CAPITULO VIII 

 

CAPITULO IX

 

ALGUNAS OSADÍAS Y ALGUNAS DECISIONES POSIBLES

 

 

A continuación se exponen algunas decisiones posibles para una comunidad cada vez más integrada, integrada por los poderes económicos que nos usan como el mercado de sus negocios, para los cuales insoslayablemente nos necesitan, y nos desean tener sujetos con estos nuevos avances tecnológicos, pero nosotros somos, la humanidad, nada más nada menos, y hasta ahora, que yo sepa, nada ni nadie nos ha podido sujetar de un modo permanente, lo cual nunca me ha parecido un mal, ni un defecto, sino todo lo contrario.

 

Existen dos maneras de vivir la vida y la historia, por un lado, dejándola transcurrir, que venga al tuntún de las circunstancias, que, por otro lado, nosotros mismos hemos creado, o planificar hasta cierto modo una vida, o una historia, como cuando nosotros más o menos armamos nuestra agenda del día, es decir, tenemos una rutina que hace que el día nos salga siempre más o menos redondito, suena poco emocionante, pero es mejor que caer muerto a cada rato y tener malas noticias minuto a minuto.

 

Para esto, la persona que va a actuar debe tener disciplina y ser coherente, es decir tomar decisiones y cumplirlas, es una especie de compromiso con la verdad, podemos, porque somos libres, planear nuestra historia, decidir erradicar la guerra, y muchas otras cosas más, como luego veremos, aprovechando que ahora estamos tan superconectados y globalizados como suelen decir.



 

 

 

 

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